lunes, 24 de julio de 2017

Siempre vuelve

Me quemaste los labios, y los dejaste inmaduros
Me abrazaste y en ese abrazo no había que dar explicaciones
Te arranqué del pecho la respiración con las manos impiadosas
Y las tuyas, tus manos tristes se alejaron para abrazar otros cinco dedos
Me hubieras arrancado el corazón, hubiera preferido que me destroces el alma
Pero me arrancaste miles de poemas
La tinta de mi lapicera a veces llora, a veces ríe y a veces cree que ya no te ama
Pero ella sigue amando, sigue queriendo arrastrarte hasta la soledad de mis lágrimas, y que te ahogues en ellas
De vez en cuando saco un par de lágrimas de una cajita y se las convido a mi boca y a mi lengua también
De vez en cuando quiero empujarte en ese río caudaloso donde jugas a esconderte
Pero lo más importante no es eso: de vez en cuando te escapas y me acompañas al frío. Ese que dejaste entrar cuando te hiciste invisible. Y acaricié el suelo. Acaricié las paredes.
Acaricié el techo, acaricié las sábanas que no querían abrigarme.
Acaricié mi cuerpo, mis párpados, acaricié mi nariz y mis labios a punto de madurar
Y cuando llegué al cuello no había nadie, y seguí acariciando pero me dolía el frío en mis dedos
Abracé mis crisis y no las solté
Lloré y me encontré de nuevo
Abracé mis lágrimas y abracé mi garganta
Hasta doler, hasta convulsionar con mis sollozos
Pero tan silencioso
Tanto silencio no se pude guardar
Tanto silencio no se puede cerrar con llave
Ni se puede meter en una caja y olvidarse de él
Porque lo guardado envejece, lo cerrado se abre y lo olvidado vuelve. Siempre vuelve.